Zoológico "El club de los animalitos"

Tehuacán (Puebla) // México // Octubre 2014

Eran las cinco de la tarde y había realizado todas las gestiones necesarias para presentarme a la mañana siguiente, junto con una compañera con la que compartí este viaje, en un matadero de Tehuacán a realizar un reportaje y documentar la matanza de cientos de cabras.

Como acostumbro siempre que acudo a documentar lugares concretos donde se explota a los animales elaboro una lista de otros centros de explotación animal cercanos y de fácil acceso para aprovechar las horas de espera y así maximizar los recursos invertidos en el viaje. Haciendo un repaso rápido por la red hubo un lugar que me llamó la atención. Se hacía llamar El club de los animalitos y era un zoológico privado, propiedad del Diputado del Partido Acción Nacional (PAN) Sergio Gómez Olivier, que había recibido denuncias en los últimos años sin que éstas se hubieran materializado en un cierre o en un decomiso de los animales.

El lugar cerraba pronto y contábamos con poco más de una hora pero nos quisimos acercar y documentar todo lo posible.

En apenas 1000 m2 se encontraban más de cuatrocientos animales —varios de ellos de un tamaño considerable, como venados, tigres, leones, pumas, bisontes o antílopes— confinados en unas condiciones deplorables. Viviendo entre sus propias heces, algunos en un alarmante estado de desnutrición, heridos y más del 90% enjaulados.

Como en todo zoológico no faltaban las estereotipias, comportamientos compulsivos y repetitivos fruto de la locura consecuencia del encierro.

El tiempo del que dispusimos no llegó a la hora pero fue suficiente para, una vez más, mostrar los zoológicos como realmente son: prisiones de animales.

La eficiente propaganda que vende a los zoológicos y acuarios como centros educativos donde se fomenta el respeto por los animales (no humanos) es un engaño que perpetúa la ceguera colectiva y alimenta la relación de dominación que hemos construido hacia ellos.

Existen muchas formas de conocer a los animales sin necesidad de encerrarlos y someterlos a una vida de locura, depresión y enfermedad.

Si una prisión es el lugar donde se encierra a alguien contra su voluntad un zoo es exactamente ese lugar. Los animales no quieren vivir en un zoo, sino libres con los suyos en entornos naturales. Su hogar está en los océanos, en los cielos, en las montañas, en los bosques, en los desiertos, en los ríos y no sobre el cemento, tras los barrotes, atados a cadenas o entre cristales con ventilación artificial.

Los animales prisioneros en los zoos no sólo son víctimas de las personas que acuden allí o de los que se lucran con ellos sino también de nuestra indiferencia. No basta con no colaborar con estos lugares de opresión y de sometimiento, tenemos que acabar con ellos.

Debido a una serie de denuncias ciudadanas la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente llevó a cabo acciones contra el zoológico El club de los animalitos en febrero del año 2015.

Si bien las acciones llevadas a cabo por Profepa no se sitúan en un marco de trabajo abolicionista —el acuerdo al que se ha llegado ha sido el de mejora de las instalaciones y no el de su total desaparición— considero de interés para el/la lector/a indicar la situación en la que este zoológico se encuentra ahora.

Visita el siguiente enlace.

 

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