Es necesario que los núcleos más combativos de la sociedad se formen en antiespecismo (entrevista en La Directa)

Jun 2016
Entrevista la Directa a Tras los Muros sobre antiespecismo y Liberación Animal

Para empezar, ¿Podrías explicar de dónde surge la idea del proyecto? ¿Cuánto tiempo llevas en ello? ¿Por qué «Tras los Muros»?

El proyecto surge en un momento de crisis, cuando mis posiciones dejan de estar representadas en los proyectos en los que estaba involucrado. Tras un periodo de análisis y trabajo doy a conocer el proyecto con una serie de fotografías realizadas en la plaza de toros de Iruña en los Sanfermines del año 2014.

El nombre hace referencia a los muros que hemos erigido entre nosotros los humanos y el resto de animales a los que discriminamos y oprimimos. Muros físicos —los más evidentes— tras los que explotamos y masacramos a millones de animales. Muros de mataderos, de granjas, de laboratorios, de criaderos, de acuarios, de zoológicos y de los lugares donde los animales son sometidos a una violencia programada y brutal. Muros mentales —no tan evidentes— que no son más que prejuicios y excusas tras los que justificamos nuestra relación opresiva con el resto de animales.

El nombre identifica al proyecto pero es también la manera de firmar mi trabajo pues si no lo hago de forma anónima, acceder a muchos lugares con una cámara sería imposible

¿Cómo llevas a cabo tu trabajo? Es decir, ¿Cómo seleccionas un lugar para fotografiar y cómo te sumerges en él?

El foco de denuncia del proyecto es la opresión que sufren los animales fruto de la discriminación especista. Mi objetivo más inmediato en esta etapa inicial es la producción de un archivo de imágenes de diferentes ámbitos de explotación para establecer puentes hacia aquellos ámbitos donde los animales son oprimidos en mayor número.

Desde una perspectiva de táctica de trabajo los lugares podemos dividirlos en tres tipos: aquellos donde permiten el uso de una cámara al público en general, aquellos donde permiten el uso de una cámara sólo a profesionales y aquellos donde es muy difícil que permitan su uso. Además, la gran mayoría tienen su ‘puerta de atrás’. Por ejemplo, es fácil poder fotografiar lo que se ve de forma pública en una plaza de toros pero no es tan fácil poder hacerlo en su desolladero. Más aún si no te conocen.

La industria de la explotación animal es muy hermética y siempre existe la sospecha de que seas un infiltrado. De hecho, y quizás como forma de ponerte a prueba, suelen preguntar si eres defensor de los animales. Así que es importante tener una coartada que tenga en cuenta sus posibles sospechas para establecer un contexto de confianza con quienes puedan facilitarte el acceso. Siempre se trabaja bajo presión pero si estableces esa conexión te condiciona menos.

La normalización de la violencia es actualmente algo intrínseco en las sociedad capitalistas. ¿Cómo combatir esto?

Si hablamos de la violencia que sufren los animales no humanos el capitalismo amplifica su opresión tanto en intensidad como en número pero no es la causa que la origina. La opresión que padecen los animales es fruto del especismo. En todas las sociedades humanas incluso en muchos proyectos sociales emancipatorios los animales son vistos como recursos y no como iguales, esto es, como individuos que merecen respeto y libertad.

Además los animales no solo son oprimidos, también son discriminados en la naturaleza cuando les negamos el auxilio. Mueren de hambre, de frío o de enfermedades y justificamos su discriminación apelando a una serie de razones que no utilizamos cuando se trata de humanos que se encuentran esas mismas circunstancias (recomiendo en este sentido el artículo «Muerte entre las flores» escrito por la doctora en filosofía y activista Catia Faria).

¿En cuántos lugares has estado y has fotografiado?

En estos veinte meses de trabajo habré visitado unos cientocincuenta lugares. Circos, zoológicos, granjas, criaderos, mataderos, granjas, acuarios, plazas de toros, etc. y también lugares donde a los animales, en la medida que es posible, se les ofrece una vida libre de opresión, como en los santuarios antiespecistas.

Normalmente, cuando se habla de explotación animal, la gente suele opinar que en el Estado español no suceden esas cosas, que las leyes que lo regulan son adecuadas y no hay casos de maltrato. ¿Es eso cierto?

El llamado bienestar animal considera moralmente aceptable que los animales sean propiedades y no individuos libres. Todas las leyes que regulan la explotación animal están basadas en ese principio y legitiman su opresión haciéndola más amable. Mientras los animales no sean considerados sujetos de derecho sino propiedades, las leyes serán reformas de su esclavitud.

La gestación forzada ininterrumpida, el hacinamiento, la mutilación del rabo, el corte de colmillos, la castración, el corte de pico o la separación temprana de las crías de su madre son prácticas recogidas en la normativa de la industria y no hechos aislados de maltrato. Las enfermedades físicas como los problemas respiratorios, cardíacos o las quemaduras producidas por contacto con el amoníaco de sus propios excrementos y los comportamientos psicológicos fruto del hacinamiento como el estrés social o el comportamiento caníbal son también recogidos y asumidos como intrínsecos a la explotación en sus informes. Cualquiera puede corroborarlo.

En el Estado español los animales son explotados como en cualquier otro lugar. Se les confina en granjas y criaderos, se les ejecuta en mataderos, se les secciona vivos en laboratorios, se les dispara en bosques, se les recluye en zoológicos, y se les somete a todo tipo de agresiones. Todo ello amparado por la ley vigente y defendido por una amplia mayoría social. La gente se indigna con las corridas de toros pero defiende a su vez que miembros de esa misma especie (toros, vacas y terneros) sean confinados en granjas y sean ejecutados en mataderos con unos meses de vida. Eso es lo que hay que cambiar.

Salvo las reformas legales que consiguen la abolición de determinados ámbitos de explotación animal o aquellas que acaban con las subvenciones a determinadas prácticas de explotación animal, el resto de cambios en el código penal los veo problemáticos porque están orientados a hacer más digerible la explotación perpetuando su existencia, y no a acabar con ella.

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¿Qué consideras maltrato animal?

Maltrato animal es un término popularmente identificado con el exceso de violencia a la que son sometidos los animales en un contexto de explotación aceptado socialmente. Si maltrato significa tratar mal a alguien se puede decir, objetivamente, que todos los animales explotados son maltratados cada segundo de sus vidas y que ninguna ley que les siga considerando propiedades podrá evitarlo.

El uso del término me parece problemático porque no centra el debate en la opresión sino en la forma en la que esta es ejercida.

¿Qué es el antiespecismo y en qué se basan las opresiones que sufren los animales no humanos?

El antiespecismo se opone a la discriminación que padecen los animales por no pertenecer a una especie determinada, frecuentemente la humana. Esta discriminación es conocida como especismo. El especismo al que comúnmente nos referimos —el especismo antropocéntrico— es aquél que discrimina a los animales que no pertenecen a nuestra especie y que justifica su opresión.

Los animales no humanos comparten con nosotros una serie de intereses que son impedidos por el ejercicio opresor. Como lo son el interés en no sufrir, el interés en disfrutar de experiencias positivas o el interés en seguir vivos. Les oprimimos de múltiples formas y les sometemos a unas vidas miserables. Les disparamos en bosques, les capturamos y asfixiamos en ríos y mares, les diseccionamos vivos y les aplicamos radiaciones y ácidos en laboratorios, les confinamos en granjas, les ejecutamos en mataderos, les agredimos en fiestas populares y nos parece bien.

Según la FAO y sin contar a los peces, que se cuentan por toneladas, acabamos con la vida de más de 50.000 millones de animales al año para el consumo humano.

¿Cómo entiendes la lucha antiespecista? ¿Es el veganismo, es decir, el boicot a los productos de origen animal, suficiente?

La considero la lucha más urgente pues el número de individuos oprimidos y la intensidad en la que dicha opresión es dirigida es mucho mayor. Si bien debemos oponernos a toda forma de discriminación y de opresión es difícil imaginar a un ser humano en una situación peor que la que vive un pollo en una granja industrial o un perro en un laboratorio de vivisección. Y si partimos de la consideración de que son nuestros iguales -que objetivamente lo son- las urgencias y las prioridades parecen claras.

En el movimiento de Liberación Animal se tiene la idea de que la expansión del veganismo —entendido como lo mencionas en tu pregunta— va a acabar con la discriminación especista. Aun siendo necesaria su expansión, el poder estratégico que se le otorga me parece desacertado. Necesitamos intervenir en la estructura sobre la que se construye el especismo y para ello es imprescindible dotar al movimiento de un poder de transformación político y social. En este proceso es necesaria la formación y el acercamiento de los núcleos más combativos de la sociedad al antiespecismo.

¿Crees que el veganismo es una opción personal, como se suele decir?

Si consideramos que la oposición a otras opresiones no son opciones sino las respuestas adecuadas a injusticias intolerables no hay razón para relegar al veganismo a una mera cuestión de elección personal. El veganismo es una responsabilidad política en la que tomar partido hoy mismo.

La dimensión política del movimiento animalista, suele ser ninguneada en los movimientos sociales y en espacios y proyectos teóricamente liberadores. ¿Por qué es tan difícil que la mayoría de activistas y militantes se tomen en serio un movimiento interseccional como es el antiespecismo?

Supongo que existen diferentes razones pero hay dos que me parece importante señalar.

Una es la imagen que se percibe de nuestro movimiento por estos colectivos. Cuando no se profundiza se nos percibe como una lucha alejada de las militancias más clásicas y en general de todo el entorno combativo. En mi opinión ahí tenemos una responsabilidad mutua: la responsabilidad de los diferentes frentes de lucha en entender esa dimensión política y la responsabilidad de nuestro movimiento de formarnos y de dotarle de ella. El veganismo está siendo absorbido por las estrategias de mercado y el movimiento está siendo condicionado por esas dinámicas. Es necesario cambiar esto, más aún si no nos hemos consolidado antes como movimiento político. Desde luego es mejor que las grandes cadenas de alimentación dispongan cada vez más de alimentos de origen vegetal a que no dispongan de ellos, pero eso no es movimiento sino la reacción capitalista a nuestros resultados. Esto va mucho más allá de una forma de alimentación pero la falta de formación política impide una visión revolucionaria.

Por otro lado la asunción del antiespecismo, además de llevarnos a revisar nuestros privilegios y nuestros prejuicios; a quienes formamos parte de movimientos sociales nos lleva a revisar también nuestras propias luchas. Y hay personas que no están dispuestas a pasar por una crisis de esa envergadura.

Te consideras a ti mismo fotoperiodista. ¿Cuál debe ser, según tu opinión, la tarea base del fotoperiodista y por ende, del periodismo de investigación?

En relación a mi trabajo me considero fotógrafo y militante. Y conjugo ambas cosas en este proyecto con el fin de informar para agitar. Orwell decía que el periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, y eso es exactamente lo que los activistas que documentamos e investigamos la industria de la explotación animal hacemos. Y lo hacemos con un objetivo: informar para concienciar y concienciar para transformar.

Las imágenes que nos muestras son duras y es difícil aguantar la mirada en ellas. Existe un eterno debate periodístico sobre la necesidad o no de mostrar imágenes tan crudas y reales, pudiéndose caer en el sensacionalismo y en la normalización de la violencia de la cuál hablábamos antes. ¿Qué crees que debe hacer el fotoperiodista? ¿Debe retratar la miseria explícitamente?

Si retratas una injusticia debes respeto a quien es oprimido. Y ese respeto determina tu enfoque. Desde ahí es todo muy personal. A veces la fuerza se encuentra en una mirada, otras en una situación previa al acto que te invita a imaginar y en otras la fuerza se encuentra en la violencia explícita. Depende de tus habilidades, de dónde enmarques tu trabajo y de cómo te identifiques tú con las historias.

Las imágenes obtenidas por los activistas que se infiltran en las industrias de explotación animal retratan la violencia de forma explícita y lejos de normalizarla, provocan un cambio. Es tal su impacto en la sociedad que los activistas estamos siendo perseguidos y criminalizados. En Estados Unidos, donde el movimiento de liberación animal tiene mucho más recorrido, se están implementando leyes promovidas por la propia industria de la explotación animal como las leyes Ag gag (leyes mordaza) que prohíben filmar y documentar lo que ocurre en estos lugares.

¿Qué futuro le ves al movimiento antiespecista?

Yo diría que en estos momentos no existe tal cosa. Existe un movimiento de Liberación Animal y en él activistas que tratan de dotarle tanto de su dimensión política como de su dimensión ideológica. Estamos construyendo sus bases y nos queda mucho por hacer. Percibo un cambio que además va a venir de la mano de mujeres militantes feministas.

¿Qué balance haces de tu trabajo en Tras Los Muros?

Hago un balance positivo. En menos de dos años de trabajo he documentado un número de centros de explotación animal mucho mayor de los que imaginaba. Tengo entre manos varios reportajes que iré publicando a medida que vaya finalizándolos y he superado los objetivos marcados al inicio del proyecto.

Además el apoyo de los compañeros y las compañeras que tengo a mi lado y que de algún modo u otro forman parte de esto, ha sido crucial. Son una motivación diaria. He establecido redes de trabajo con personas en muchos lugares y es algo con lo que no contaba. Es una consecuencia colateral que aprecio y que suma.

Entrevista realizada por Cristina Castaño (@CristinaCGo) para La Directa #409 30 de Mayo, 2016

3 Comentarios

  1. miguel

    Gracias por esta entrevista llevada acabo . me parece todo muy claro y bien expuesto. Mi felicitaciones espero que dia a dia se hable y trate sobre lo aqui expuesto.
    Y que la lucha vaya creciendo.
    un saludo

    01-Jun-16 · 3:33 pm | Permalink
  2. Tras los Muros

    Esperemos que sí Miguel. Salud!

    01-Jun-16 · 3:40 pm | Permalink
  3. Ariana

    Muchas gracias por esa entrevista. Mi respeto y agradecimiento por ese gran trabajo fotográfico. Me gusta mucho cómo el entrevistado explica la realidad, las palabras que usa son acertadísimas, fuertes, contundentes, evitando el sensancionalismo y demagogia. Se nota que ha visto mucho y ha reflexionado y razonado mucho también, cosa que me crea confianza en lo que dice. Admiro su compromiso y valor. Es una lucha dificilísima, porque cuestiona unas estructuras y unos planteamientos muy arraigados en la forma de pensar y funcionar, de personas y sociedades. Todo eso es muy revolucionario a nivel de la percepción de la vida misma de un humano, su lugar en el mundo. Eso es bastante demoledor para la mayoría, imagino. No quisiera alargar mucho más esa intervención mía aquí, pero confieso que tengo mucha necesidad de comentar cosas y de hablar con alguien que plantee la cuestión del especismo y antiespecismo, de manera seria y profunda. Y enfocándolo a la acción. Estaría encantada de poder hablar en profundidad con alguien de todos esos temas, complejísimos a nivel social y económico. Gracias de nuevo por vuestro grandioso trabajo. Saludos.

    13-Jun-16 · 2:27 pm | Permalink

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