Movimiento de Liberación Animal en EH. Reportaje en el Berria.

Abr 2015
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Es la primera vez, al menos que yo tenga constancia, que en un periódico (papel) en el Estado español se publica algo de esta naturaleza (me refiero al enfoque, netamente político).

Una entrevista a diversos colectivos de Euskal herria sobre el movimiento de Liberación Animal y sus reivindicaciones políticas.

El Berria no es cualquier diario. Sucesor del Egunkaria —cerrado por la audiencia nacional— y nacido al calor de la solidaridad de un pueblo harto de tanta represión, demostró que la unión de la gente comprometida hace la fuerza.

Los directivos del Egunkaria fueron torturados y acusados de terrorismo. Años después, sin devolver el daño causado, se demostró judicialmente que todo respondía a una maniobra represiva por parte del Estado español y sus intereses políticos. Nada nuevo.

Negar la utilidad de la ventana que ofrecen periódicos de muchísima mayor tirada no sería razonable. Pero en todo esto hay una cosa que debe ser apuntada. El Berria, por su propia naturaleza, es leído por un gran espectro de personas vinculadas y cercanas a militancias de toda índole. Llegar a todas ellas es crucial si queremos que nuestro movimiento salga de las casas, de las recetas y de las neveras y transforme sus ideales de justicia en acciones por los animales.

Pata y puño. Un icono que fue usado por primera vez en el comunicado de un grupo autónomo de Liberación Animal en Alemania.

Nada es casualidad.

Os dejo, con el permiso de la periodista Edurne Elizondo —autora del reportaje—, la entrevista que me hizo por el trabajo que he realizado en este cachito de mundo, que es Euskal Herria, como Tras los Muros.

Entrevista sobre el movimiento de Liberación Animal en EH

Aún no se ha cumplido un año desde que se puso en marcha Tras Los Muros. ¿Qué balance haces?

Me he planteado diferentes fases estratégicas dentro del proyecto. El objetivo a corto plazo es darlo a conocer en el entorno más cercano, es decir, en el movimiento de Liberación Animal y en otros contextos militantes, y en ese sentido el balance que hago es muy positivo. La gente lo ha recibido bien apoyando el trabajo y difundiendo los diferentes reportajes algo que, además de ser útil siempre anima. Pero queda mucho por hacer, es sólo el comienzo de algo sobre lo que voy a trabajar muy duro.

Activismo a través de las imágenes. ¿Por qué?

El primer paso para poder combatir una injusticia es hacerla visible y conseguir generar toda la indignación posible. Las imágenes tienen ese poder. Todos los que nos hicimos veganos tenemos en nuestra memoria una imagen, o varias, que golpearon nuestra conciencia y motivaron un cambio. Pese a ver cuerpos de animales colgados en cualquier carnicería o pieles que les han sido arrancadas expuestas en escaparates no hacemos una conexión real con la situación de opresión que padecen. Es decir, no nos ponemos en su lugar porque no nos identificamos con ellos. Estamos intoxicados de prejuicios y además, el sistema de valores en el que vivimos justifica el abuso y la explotación sistemática de la que todos esos animales son víctimas. Es necesario abrir una puerta a su mundo emocional y sentir su injusticia. Con el proyecto busco abrir esa puerta, romper esos muros, físicos y mentales, que impiden una conexión con su realidad.

Fotos que son una ventana a la explotación animal. Decías hace poco, que estamos insensibilizados ante la realidad, el dolor que muestran esas imágenes. Hemos “normalizado” la explotación. ¿Cómo hacer frente a esa situación?

Efectivamente. Por ejemplo, uno puede ver en un telediario imágenes de un matadero o de una granja sin pestañear pese a que esté presenciando la injusticia de mayor envergadura y más brutal que ha conocido la historia. Y esto, en general, nos ha ocurrido a todos. Sin embargo una imagen que pone el foco en la víctima puede irrumpir en tu normalidad y cambiar así tu posición.

Sólo hay un modo de hacer frente a la normalidad y este es rompiéndola. Cuestionar cada prejuicio, poner en entredicho cada acto y reconducir el debate a la raíz del problema. Considero enriquecedor que haya multitud de estrategias si estas son encaminadas a irrumpir en esa normalidad. A veces pienso que, por querer ser más aceptados o por querer trasladar la idea a más gente, perdemos de vista el objetivo. Es cuestión de dinámicas y a todos nos ha ocurrido en mayor o menor grado. El problema no es hacerlo, todos cometemos errores, el problema es no darse cuenta de ello.

Es necesario llegar a cuanta más gente mejor pero nunca debemos olvidar qué nos trajo aquí. Estamos por y para todos esos animales que mueren ejecutados en mataderos, laboratorios o cámaras de gas. Por y para todos los que viven confinados en zoológicos, acuarios, criaderos o granjas. Por y para todos los que son perseguidos y disparados en zonas salvajes o arrancados de mares y ríos con un gancho clavado en el esófago. Lo vemos con total normalidad pero son crímenes terribles y como tales deben ser expuestos.

Es cierto que cada vez hay más veganos/as pero no parece que la gran mayoría de ellos/as hayan comprendido y hecho suya la situación que padecen los animales. De otro modo estarían aquí luchando, dejándose la piel cada día, y esto no ocurre, es un hecho.

Tus fotos han enseñado lo que ocurre tras muchos muros de Euskal Herria: corridas, antzar eguna, a quarium, etc… -¿Como ves el momento actual del movimiento antiespecista en Euskal Herria? -Han surgido varios grupos últimamente: ¿Eres optimista?

En Euskal Herria aún se están sentando las bases para un futuro movimiento antiespecista. Queda mucho trabajo por hacer. Han surgido nuevos grupos con muchas ganas de trabajar y además, todos ellos, desde posiciones claramente antiespecistas. También parece que se están haciendo esfuerzos por estrechar lazos de compañerismo y de trabajo entre las diferentes zonas geográficas de Euskal Herria y esto es crucial para consolidar un movimiento cohesionado y visible.

Los estudios sociológicos y estadísticos son muy claros. En el futuro seremos más seres humanos comiendo más carne por cabeza. Ante cifras así es difícil no frustrarse y no ver todo muy oscuro. Pero la solidaridad no puede depender del todo o nada. Nuestras acciones tienen consecuencias en terceros. Si consumimos productos animales estaremos contribuyendo a que otros animales vivan de forma miserable y se acabe con sus vidas. Si por el contrario, nos hacemos veganos y nos involucramos en su defensa, marcaremos una diferencia.

La involucración activa en una lucha conlleva un desgaste y para seguir adelante es necesario ser positivo. Soy optimista, pero intento no perder el realismo.

En una tierra donde los movimientos sociales son muy activos, hay mucha cultura de pelear en la calle… ¿Cómo encaja el movimiento animalista en ese marco? ¿Cuesta que el movimiento animalista se entienda en toda su dimensión política?

El movimiento de Liberación Animal es un movimiento político. Pone en cuestión los cimientos sobre los que se ha construido esta sociedad. Los ideales emancipatorios del movimiento chocan frontalmente con los valores en los que hemos sido educados y sobre los que se ha edificado todo este sistema. Es necesario construir una sociedad radicalmente diferente si queremos que los animales sean tenidos en cuenta como merecen. Para avanzar es necesario trasladar la idea a la sociedad, pero los cambios individuales o los parches legales peleados en el parlamento no son suficientes. Se necesita una revolución social y política intrínsecamente ligada a una autocrítica radical. Del individuo a la organización política y de la organización política al individuo.

Si bien son fases totalmente lógicas y aún nos queda mucho camino para ello considero imprescindible trabajar en la profundidad política y construir un movimiento coherente en sus posiciones.

Para que la sociedad entienda el movimiento en toda su dimensión política es necesario, como primer paso, que el propio movimiento la entienda y la haga suya. Muchos hemos llegado al movimiento por razones políticas: a considerar que el sexo biológico, el color de piel o el aspecto físico no son razones de peso para someter a alguien y acabar con su vida le sigue el considerar que la especie tampoco lo es. Con la idea de liberación animal se asume una opresión y esto nos hermana directamente con cualquier otro movimiento emancipatorio. Racismo, sexismo, especismo u otras formas de opresión son caras de una misma moneda y, si ahondamos en los ideales de los movimientos emancipatorios encontraremos que las razones son siempre las mismas: solidarizarse con el oprimido y construir estructuras políticas y sociales que impidan injusticias porque todos y cada uno de nosotros queremos disfrutar de nuestras vidas en libertad y en igualdad.

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Fuente original: visita este enlace

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