Tras los Muros. Fotografía de explotación animal.

Matanza del cerdo en México

Nov 2015
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En una localidad rural ubicada en el Estado de Tlaxcala y llegado el día varios de los integrantes de una familia se han citado para llevar a cabo una de las matanzas que tienen lugar en el patio trasero de su casa todas las semanas. Divididos en tres cobertizos sin luz y de escasa higiene una treintena de cerdos son criados y explotados con fines comerciales.

Según la Secretaría de agricultura, ganadería, desarrollo rural, pesca y alimentación (Sagarpa) del poder ejecutivo federal mexicano, en el año 2014 se mataron más de diecisiete millones de cerdos para alimentar a la población mexicana.

En uno de los cobertizos dos cerdas explotadas e inseminadas con fines reproductivos pasan varios meses al año inmovilizadas en las jaulas de maternidad, unos armazones de hierro que les impiden girar su propio cuerpo. En los cobertizos contiguos los cerdos son separados por edad. Allí y durante nueve meses aproximadamente vivirán encerrados y serán cebados hasta su muerte. Un tiempo que ha sido calculado para aprovechar la máxima rentabilidad.

Los hombres se encargan de la matanza y el destazado y las mujeres de la elaboración de los embutidos, de los diferentes platos y de servir las bebidas.

Son las seis de la mañana y han llegado ya todos los participantes. Tres hombres entran en el último cobertizo y tapan la cabeza con un saco al cerdo elegido para facilitar su manejo. Una vez es cegado le arrastran hasta la zona de sacrificio agarrándole de las orejas y del rabo.

El cerdo se resiste asustado y grita. Los hombres le propinan patadas. Uno de ellos lo inmoviliza con un artilugio de metal enganchado en su hocico mientras otro le clava un cuchillo varias veces en la arteria carótida. Ellos mismos reconocen que no siempre se acierta y en ocasiones su agonía puede tardar minutos.

La propietaria de la casa considera que las muertes por asfixia que ocasionan las cerdas a sus crías en las jaulas de maternidad son intencionadas pues los cobertizos están situados frente a la zona de matanza y la observan cada semana. Son conscientes, dice.

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Un comentario

  1. Pilar

    Hace 3 años saqué a los animales de mi plato.
    El horror que me causó conocer la verdad provocó un shock en mi cerebro del cual tardé en recuperarme.
    Entonces tomé una decisión sin importarme si las historias de la gente sobre que enfermaría y el cabello se caería y que la falsa supremacía humana se debía a que nos los comimos desde siempre y bla bla bla.
    Y gracia a quienes como tu documentan ésto, habemos conversos como yo que no queremos volver atrás.

    12-Abr-17 · 3:54 am | Permalink

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