Miedo a sentir: Trauma y recuperación en el movimiento de liberación animal.

Ago 2018

Nota de la traductora:

El presente artículo surgió, tal y como cuenta su autora Pattrice Jones, de una conversación nocturna alrededor de la mesa de una cocina en Brooklyn, después de un largo día de conferencias, en la que tres personas hablaron de depresión entre activistas. Esa conversación fue lo que le llevó a escribir este escrito, que a su vez conformó la semilla de un libro en el que desarrolla, de forma ampliada, las ideas que ocupan estos párrafos.

El libro que resultó de este artículo se llama Aftershock: Confronting Trauma in a Violent World – A Guide for Activists and Their Allies (Lantern, 2007).

After shock, libro de Pattrice Jones

Aftershock: Confronting Trauma in a Violent World – A Guide for Activists and Their Allies

Precisamente esa es la obra que estaba leyendo hace unos días, motivada en parte por la muerte repentina de Luna, la perrita con la que convivimos mi pareja y yo hasta el pasado 8 de junio de 2018, cuando, mientras preparaba la mochila para volver a casa después de unos días de vacaciones, una buena amiga me llamó para avisarme de otra noticia trágica: un amigo común había muerto.

En todo el mundo, en los círculos de activistas, hay personas que militan en temas de salud mental haciendo un gran trabajo. Sin embargo, a veces no resulta fácil encontrar recursos para el trauma cotidiano que supone vivir en el mundo tal y como está. A veces, es incluso difícil tener una conversación tranquila con tus mejores amigas sobre las cosas que importan de verdad, porque estamos dentro de unas dinámicas tan rápidas (y a veces tan precarias) que nos obligan a relacionarnos casi siempre de manera superficial si queremos poder vivir nuestras vidas de una forma mínimamente cómoda, alimentarnos, asegurarnos un hogar y militar en las cuestiones que más nos importan.

Al final, para algunas personas, puede ser lo mismo que te ocurra una gran tragedia o que en tu mochila vayas cargando, piedra a piedra, pequeños traumas, pequeños granos de arena que poco a poco empiezan a pesar demasiado hasta que un día ya no puedes soportarlo más. Parece que, aún partiendo de la situación privilegiada que supone, por ejemplo, vivir con papeles en un país europeo, tener una salud o un aspecto que coincide con esas normas dictadas por el sistema en el que vivimos, la vida acabará haciéndote daño.

Como esa es la realidad, considero que es una buena idea poner a disposición ciertos materiales que puedan ser de ayuda, tanto para bregar con nuestros propios problemas, como para ayudar a las personas que están a nuestro alrededor a que puedan hacerlo también.

El texto de Jones está pensado específicamente para personas que militan en entornos de liberación animal. Pero, siendo realista, considero que tampoco hace falta ser activista necesariamente (ni por los animales ni por otras causas sociales que pueden ser también muy dramáticas) para ser testigo de violencias insoportables o para experimentarlas en la propia piel. Por eso, creo que puede ser buena idea compartir este u otros textos, e incentivar conversaciones sobre este tema. También recomiendo el libro de la misma autora, del que extraigo, para terminar esta introducción, un resumen sobre los sentimientos que me parece muy acertado:

  • Los sentimientos son algo físico. Eso significa que no podemos hacerlos desaparecer simplemente deseándolo.
  • Los sentimientos son nuestros amigos porque nos ayudan a sobrevivir. Eso significa que no deberíamos tratar de apartarlos. Cuando se atascan, hay que gestionarlos, no ignorarlos.
  • Los sentimientos son algo social. Evolucionan en el contexto de las relaciones. Eso quiere decir que los sentimientos de dolor no pueden ser arreglados de forma individual, aisladamente, sino en colectivo.

(Pattrice Jones. 2007: 35-36)

Miedo a sentir: Trauma y recuperación en el movimiento de liberación animal.

Sola en un escenario en la Universidad de Syracuse, Sarahjane Blum tiembla de emoción al hablar sobre lo que presenció en el interior de una granja de foie-gras. Escuchando, pero también sintiendo sus palabras, la audiencia atestigua el sufrimiento de los patos a través de los ojos de Sarahjane. Cuando las palabras fallan, Sarahjane muestra imágenes seleccionadas de la cinta de vídeo Delicacy of Despair. Sentadas en el auditorio a oscuras, académicas y activistas se estremecen, pero se obligan a sí mismas a seguir viendo la miseria que aparece en la pantalla.

Justo al salir del auditorio, otra pantalla transmite imágenes en bucle de una grabación encubierta que muestra abuso de animales en Huntingdon Life Sciences. Una y otra vez, un hombre en bata de laboratorio grita y abusa de cachorros de beagle. Es difícil imaginar los mecanismos mentales que tienen que llevar a cabo los activistas que presencian el vídeo para conseguir tolerar el bombardeo constante de rabia humana y dolor animal. ¿Y qué hay de la activista que se infiltró como empleada en HLS para poder extraer pruebas de dichos abusos? ¿Cómo lidió con sus emociones mientras estuvo allí? ¿Cómo se siente ahora?

Investigación encubierta realizada en las instalaciones de Huntingdon Life Sciences (HLS)

En una bonita tarde a finales de septiembre, la presidenta de United Poultry Concerns, Karen Davis, acude al Eastern Shore Sanctuary. Está angustiada, acaba de volver del veterinario tras eutanasiar a una gallina incurablemente enferma. Como siempre, Karen se quedó con la gallina hasta el final. La gente siempre le pregunta, «¿Cómo consigues seguir sin que te altere?» Lo que no comprenden, dice, levantando la voz, es que «Siempre estoy alterada». Todo lo que puedo hacer, dice Karen, es continuar, canalizar los sentimientos en algo —algún documento, alguna charla, unas palabras— que puedan marcar la diferencia.

De nuevo una catástrofe en otra fábrica de huevos. Los activistas acuden, buscando salvar tantas gallinas como sea posible. Miles están muertas ya. Después de haber aguantado sin comida o agua durante días, las aves supervivientes, que han permanecido atrapadas en las jaulas junto con sus compañeras muertas, están aún más afectadas de lo que suelen estar habitualmente las gallinas presas en jaulas batería. Algunas aletean frenéticamente; otras están inmóviles, sus hombros caídos reflejan sus sentimientos de impotencia. Una de las activistas rescatadoras se da cuenta de que hay gallinas atrapadas en los pozos de excrementos situados bajo las jaulas y entra para intentar salvarlas, pero tiene que retroceder cuando el lodo que le llega hasta la cintura comienza a succionarla. En las semanas siguientes sufrirá insomnio, sueños recurrentes de estar impotente entre animales que necesitan ayuda y recuerdos intrusivos de aquellos pájaros a los que no pudo salvar. 

Nuestras emociones animales
Las personas son animales. Los animales tienen sentimientos. Los animales poseen cuerpos que experimentan y expresan esos sentimientos. Al igual que cualquier otro proceso fisiológico, los sentimientos persisten, incluso si son ignorados o negados.

Uno de los mitos de la superioridad humana es que nosotras podemos trascender nuestros sentimientos, al contrario que otros animales, que están sujetos a los suyos. Esto concuerda con la idea de que podemos y debemos sobrepasar nuestros cuerpos mientras que los animales siempre son inherentes a los suyos. Esta idea está tan profundamente arraigada en tantas culturas occidentales y orientales que incluso los partidarios de la liberación animal pueden sorprenderse aceptándola como algo cierto de forma tácita.

Cuando nos negamos a reconocer nuestras propias limitaciones físicas o esperamos estar exentas de los factores emocionales que afectan a los otros animales, nos acercamos peligrosamente a la mentalidad (humana) de la mente sobre la materia (animal) que lleva a la biotecnología y a otros esfuerzos por remodelar el mundo natural según nuestras fantasías de omnipotencia y control.

En realidad, la vida sigue sus propias normas; no las nuestras. No tenemos más control sobre nuestras emociones animales que cualquier otro vertebrado. Podemos elegir lo que hacemos con nuestros sentimientos e incluso, hasta cierto punto, decidir si los experimentamos plenamente o no. Pero no podemos decidir no enfadarnos por una injusticia o no sentir tristeza por una pérdida, así como una gallina no puede escoger no tener miedo a un halcón o no sentirse frustrada por estar encerrada en una jaula.

Los sentimientos pueden ser a la vez terroríficos y seductores porque permanecen sin domesticar, sin importar cuán mansos nos hayamos vuelto. Pero lo único terrorífico sobre los sentimientos es tener miedo a los sentimientos. Al igual que los ríos, los sentimientos se vuelven peligrosos cuando se estancan o cuando se canalizan de manera inapropiada. Al igual que los ríos, fluirán de todos modos y podrán volverse impredeciblemente destructivos si no se les permite seguir sus cursos naturales.

A menudo, los defensores de los animales dudan sobre si hablar, o incluso pensar, acerca de sus propios sentimientos, porque el sufrimiento de los animales es comparativamente mucho mayor. Los motivos de esta autorrepresión son altruistas, pero los resultados pueden ser contraproducentes.

Obviamente, el sufrimiento que causa haber presenciado violencia no es igual que el terror y el dolor que experimentan las víctimas de dicha violencia. Pero el sufrimiento del testigo es también real y no es posible hacerlo desaparecer a propósito, empleando estas comparaciones. Investigaciones recientes han demostrado que los eventos traumáticos pueden tener un impacto emocional tan poderoso para las víctimas como para los testigos. Tanto los testigos como las víctimas de violación y violencia machista, por ejemplo, pueden desarrollar síntomas de trastorno de estrés postraumático [TEPT, o PTSD por las siglas en inglés de Post-Traumatic Stress Disorder]. De acuerdo con la PTSD Alliance, los signos de estrés postraumático pueden desarrollarse tras cualquier experiencia que genere sentimientos de «miedo intenso, horror o sensación de impotencia».

La impotencia frente a un peligro para una misma o para otras crea una encrucijada para el cuerpo. Los sentidos gritan «¡ESTO ES UNA EMERGENCIA!», el sistema nervioso responde deteniendo la digestión, bombeando sangre extra a los músculos de las extremidades, liberando adrenalina en el torrente sanguíneo, agudizando la visión y preparando, en definitiva, el cuerpo para luchar o para huir. ¡Pero no hay nada que el cuerpo pueda hacer! El sistema nervioso sigue revolucionando los motores internos y los sentidos siguen gritando «¡EMERGENCIA!», pero no hay lugar para canalizar toda esa energía y esa agitación. 

Si esta situación persiste durante el tiempo suficiente, o si se repite con la suficiente frecuencia, el organismo puede sufrir daños permanentes. Esto se vio durante la Primera Guerra Mundial, cuando los soldados atrapados en las trincheras sufrieron bombardeos interminables, sin poder hacer nada para defenderse o protegerse. Muchos terminaron «conmocionados», sentados inmóviles en camas de hospitales mientras sus corazones continuaban latiendo como si aún estuviesen bajo el fuego.

Estrés traumático

Los estadounidenses tomaron conciencia del estrés traumático a raíz de la guerra de Vietnam. Pesadillas, flashbacks y sentimientos debilitantes de miedo o de ira, aprendimos, eran consecuencias de la exposición a los horrores de la guerra. Como Judith Herman ha demostrado ampliamente en su libro Trauma and Recovery, esta es una lección que hemos aprendido y olvidado anteriormente. Cada generación trata de olvidar los traumas que ha sufrido y, al hacerlo, es más probable que inflija traumas en la generación posterior.

Un trauma es una lesión o conmoción. El estrés de experimentar, presenciar, o incluso conocer un evento traumático puede desencadenar reacciones cognitivas, emocionales o físicas. Estudios recientes de personas con TEPT han demostrado que los episodios traumáticos, particularmente cuando son prolongados o repetitivos, pueden llevar a modificaciones en la química del cerebro, en el flujo sanguíneo y en el metabolismo. Las personas que dedican su vida a liberar a otros animales, a investigar casos de crueldad, las que trabajan en santuarios y las defensoras de los animales en general se enfrentan y, a menudo, son testigos directos de sufrimiento extremo una y otra vez, experimentando repetitivamente la combinación de urgencia e impotencia que es el sello distintivo de un evento traumático. Como resultado, muchas veces luchamos con trastornos del sueño, recuerdos intrusivos y emociones intensas o atenuadas.

Si tienes niveles elevados de la hormona norepinefrina, niveles bajos de serotonina y un flujo sanguíneo anormal en el cerebro, repetirse a una misma que los otros animales están peor no va a hacer que los problemas resultantes desaparezcan. Si estos problemas te impiden un descanso adecuado, interfieren con tu capacidad de concentración o comprometen tu capacidad de mantener relaciones de trabajo productivas con otras personas, es probable que la eficacia de tu activismo por los animales decaiga.

Las cuatro características del estrés postraumático son:

  • Revivir la experiencia traumática. Pesadillas, recuerdos intrusivos, flashbacks y respuestas emocionales fuertes a los recordatorios de la experiencia son todas formas en que las personas reviven experiencias traumáticas.
  • Entumecimiento emocional. Esto puede tomar forma de sentimientos de desapego o distanciamiento, pérdida de interés en actividades que solían resultar agradables, falta de sentimientos positivos o falta de todo sentimiento en general.
  • Evitar todo recordatorio de la experiencia. Las personas a menudo evitan o bien desarrollan reacciones de fobia ante ciertas personas, lugares, cosas o actividades que les recuerden de algún modo la experiencia traumática. A veces cambios de comportamiento que parecen no tener sentido resultan ser esfuerzos para evitar recordar el trauma.
  • Aumento de la alerta. Esto puede tomar forma de una mayor respuesta de sobresalto ante ruidos fuertes u otros estímulos, pero también puede manifestarse como una mayor alerta ante cualquier cosa relacionada con el trauma.

Si experimentas un trauma, prepárate para una reacción de estrés. Haz lo que puedas para cuidarte, o deja que otros cuiden de ti, recordando que sacar tiempo para poder hacerlo cuanto antes puede prevenir o mitigar la aparición de síntomas de TEPT más persistentes y debilitadores. Encuentra formas de experimentar y expresar tus sentimientos, especialmente en palabras, a personas que puedan empatizar, pero también a través del movimiento, la música, el arte u otros medios seguros. Ten especial cuidado con el descanso y la alimentación, para que tu cuerpo tenga todos los recursos para hacer frente a los aspectos fisiológicos del trauma.

Si notas que tú u otra persona estáis experimentando varias de las características del estrés postraumático durante un mes o más y que esas reacciones están causando sufrimiento o trastornos significativos, es momento de pasar a la acción. El trabajo grupal —ya sea terapia de grupo con un terapeuta o una serie de converaciones entre pares, con reglas básicas, en un espacio seguro y moderado por un facilitador capacitado— puede ser el tratamiento para activistas que lidian con estrés relacionado con su trabajo con animales. La terapia individual ha demostrado ser efectiva para el TEPT relacionado con una amplia gama de traumas. Conozco a varios activistas por los animales que han buscado y han recibido ayuda de una buena dosis de «terapia de conversación» con un psicólogo empático, trabajador social, u otro terapeuta profesional. 

Varios medicamentos han demostrado ser efectivos en el tratamiento de síntomas físicos como nerviosismo y falta de sueño. Aquellos que rechazan los productos farmacéuticos comerciales debido a pruebas con animales deben saber que hay una serie de remedios herbales que han demostrado —en ensayos clínicos con humanos voluntarios— ser igual o más efectivos que los medicamentos sintéticos. Consulta con un proveedor de atención médica cualificado, ya sea alopático u holístico, para ayudarte a decidir si tratar tus síntomas y cómo hacerlo.

Hagas lo que hagas, no te avergüences de ser un animal. Lo que sea que estés sintiendo, es la respuesta natural de tu cuerpo ante las cosas que has experimentado en tu vida. Ocultar o negar tus sentimientos no hará que desaparezcan, pero puede que hagan que te sientas peor. En contraste, llevar tus sentimientos a la luz del día, con frecuencia les ayuda a seguir su camino. Cuanto antes los confrontes, antes te sentirás mejor y antes podrás ser capaz de emprender el trabajo que deseas hacer. 

Depresión
La depresión es otra consecuencia común de la exposición prolongada o repetitiva ante la injusticia y el sufrimiento. Al igual que con el TEPT, la depresión puede perjudicar la capacidad de funcionar de un activista, y se acompaña generalmente de modificaciones en el sistema nervioso o en el metabolismo. La depresión es una condición debilitadora que se asocia frecuentemente con el estrés postraumático, pero que puede ser ocasionada también por factores que van desde deficiencias vitamínicas puntuales a conflictos intrapsíquicos de larga duración. Todo el mundo pasa por periodos breves más «bajos» a los que pueden denominar coloquialmente «depresión». Eso es diferente de la depresión clínica, que es una afección grave que la Organización Mundial de la Salud considera una verdadera amenaza a escala mundial. La depresión clínica no tratada puede durar años sin aliviarse. Con el tratamiento adecuado, la depresión puede disminuir por completo o volverse significativamente más manejable.

Entre los síntomas de depresión clínica se pueden incluir:

  • Tristeza prolongada o llanto inexplicable.
  • Cambios significativos en los patrones de alimentación o del sueño.
  • Irritabilidad, ira, preocupación, agitación o ansiedad.
  • Pesimismo o indiferencia.
  • Pérdida de energía, letargo persistente o fatiga inexplicable.
  • Sentimientos persistentes de vergüenza, culpa o inutilidad.
  • Dificultad para concentrarse o incapacidad para tomar decisiones.
  • Retiro social o falta de interés en actividades que previamente resultaban placenteras.
  • Dolores y molestias inexplicables.
  • Pensamientos recurrentes de muerte o de suicidio.

Si tú o alguien que conoces padece cinco o más de estos síntomas durante más de dos semanas, o si alguno de estos síntomas causa angustia o sufrimiento severo, es hora de buscar ayuda de un profesional de la salud. Debido a que muchos de los síntomas de la depresión también pueden ser causados por afecciones médicas graves, es muy importante hablar con alguien que esté cualificado para determinar si la depresión es el problema principal y, de ser así, para ayudar a decidir qué pasos tomar para obtener algún alivio, al tiempo que se descubre la causa o causas que hay detrás.

Existen incluso más tipos de tratamiento para la depresión que para el TEPT. Se ha demostrado que tanto las terapias cognitivas como las conductuales o psicodinámicas pueden ayudar a algunas personas con depresión. Si un tipo de terapia no funciona para una persona, deberá probar otro tipo diferente de tratamiento. Al igual que con el TEPT, existen remedios herbales con una eficacia demostrada igual o superior a la de las medicinas sintéticas, por lo que no hay por qué comprometer los principios que se tengan con el fin de obtener un alivio sintomático. Al igual que con el TEPT, tanto el cuerpo como la mente afectan a la depresión y se ven afectados por ella. Además del cansancio y la nutrición, el ejercicio físico es muy importante para las personas que viven con depresión.

Si alguien que conoces habla de muerte o suicido, no lo dudes. Llama al 1-800-SUICIDE [en Estados Unidos] para obtener consejo sobre lo que puedes hacer. Olvida lo que crees que sabes sobre homicidio y suicidio. Habla con personas que realmente sepan, y después sigue su consejo.

Si eres tú la persona que está pensando en suicidarse, por favor recuerda que el suicidio es una decisión irreversible que no debe tomarse a la ligera. La mayor parte de las personas que se suicidan lo hacen porque no se dan cuenta de que podrían obtener alivio para su depresión. Puedes y te sentirás mejor una vez que obtengas el tipo de ayuda adecuado para ti. Entonces tendrás muchos más años para trabajar por los animales. Incluso si piensas que nunca podremos poner fin a la explotación animal, debes saber que ser rescatado significa el mundo entero para cada animal que es salvado. Si sientes pensamientos suicidas, por favor llama antes al 1-800-SUICIDE, a un teléfono de tu localidad, habla con un antiguo profesor con el que te llevases bien, con tu mejor amiga, o con la persona más amigable de tu colectivo de liberación animal.

Antes de continuar, permíteme hacer un ofrecimiento personal a cualquier activista que esté luchando contra la depresión. Puede que ahora te sientas completamente desesperanzado, pero yo tengo esperanza de sobra para compartir, así que puedes tomar prestado un poco de la mía hasta que recuperes la tuya. En ese momento podrás pasársela a otra persona y estaremos en paz, pues yo también tuve que pedir algo de esperanza en el pasado. Lo digo en serio. Piénsalo por un minuto y podrás sentirlo. Cuando llegue el momento de transmitirlo, sabrás cómo actuar.

Lo que todas podemos hacer

Ya sea consciente o inconscientemente, todas las personas que acogen a animales, son voluntarias en santuarios, o trabajan como activistas en investigaciones o rescates deben gestionar las consecuencias naturales que tiene llevar a cabo un trabajo emocionalmente peligroso.

Todos hemos visto cosas que nadie debería ver, porque ese sufrimiento sencillamente no debería existir. Todas hemos confrontado lo peor que la gente es capaz de hacer y todos sabemos que nadie está realmente a salvo de las acciones de los humanos en este mundo perversamente violento. Todos estamos traumatizados por nuestra propia incapacidad para detener la violencia y atormentados por recuerdos de animales que no hemos podido salvar. Todas sabemos que nuestro propio trauma es secundario, que el trauma principal es el experimentado por los animales. Pero también sabemos que debemos cuidarnos a nosotros mismos y a las demás, aunque sea solo para poder actuar de la manera más eficaz por los animales.

Siendo ese el caso, hay una serie de cosas que cada individuo, cada grupo y el movimiento en general puede hacer para ayudarnos a estar lo más sanos posible dentro del contexto profundamente insano del mundo social que la gente ha creado.

El primer paso es recordar que eres un animal y que los animales tienen sentimientos. Los sentimientos asociados con el TEPT y con la depresión son las respuestas normales de un organismo sometido a estrés no natural. Cuanto antes aprendamos a reconocer y responder a los síntomas de depresión y de estrés postraumático en nosotras mismas y en las demás, más fuerte se volverá nuestro movimiento.

Individuos

Descansa. El estrés y la depresión son ambas causa y consecuencia del insomnio. Por sí sola, la falta de sueño puede hacer que personas que por lo demás son felices sufran ansiedad, rabia o abatimiento. Si ya estás luchando con sentimientos complicados, la falta de descanso suficiente puede hacer que esa batalla sea aún más difícil. Descansa el cuerpo incluso si tienes problemas para dormir. Es posible que desees probar algunas hierbas para dormir que no sean adictivas, como la camomila o manzanilla o buscar otras estrategias para promover el sueño.

Toma tus vitaminas. Los cuerpos sanos son más capaces de soportar emociones fuertes sin venirse abajo. Además, las deficiencias en algunas vitaminas pueden causar depresión.

Habla de tus sentimientos. Escucha cuando otras personas hablen de los suyos. Expresa empatía cuando puedas hacerlo.

Escucha a tu cuerpo. ¿Dónde te duele? ¿Qué es lo que te ayuda? ¿Qué está tratando de decirte tu cuerpo? Recuerda que tu cuerpo tiene sus propios derechos animales. No le hagas daño. Dale aire fresco, mucho ejercicio y los placeres seguros y consensuales que anhela.

No empeores las cosas. La gente a veces se «automedica» para el estrés o para la depresión con alcohol o drogas. Si bien un consumo social moderado no está mal, el consumo regular o compulsivo crea más problemas de los que resuelve. Debido a que el alcohol es un depresor, las personas que luchan contra la depresión quizá quieran evitar por completo las bebidas alcohólicas.

Organizaciones

¿Tu colectivo participa en actividades que podrían conllevar estrés postraumático? Si es así, ¿qué hace el grupo para ayudar a los miembros a cuidarse a sí mismos y a los demás? Un grupo no es más que una colección de relaciones. Si esas relaciones son fuertes y enriquecedoras, el grupo durará más tiempo y generará trabajo más sustancial. El tiempo invertido en hacer que el grupo sea más saludable y que brinde más apoyo a sus miembros recompensará con un aumento de la productividad y una disminución de las tasas de abandono del colectivo.

El movimiento

Si pudiera, prohibiría la expresión «(rellene-el-hueco) no es nada comparado con (rellene-el-hueco)» de todas las asambleas y charlas del movimiento. La gente utiliza esa frase para avergonzarse unos a otras por prestar atención a sentimientos de estrés y depresión. 

Los pollos «broiler» liven en naves hacinadas y son transportados a una muerte dolorosa y aterradora aproximadamente con seis semanas de edad. Las gallinas «ponedoras» de las granjas de huevos soportan hasta dos años de sufrimiento en jaulas antes de ser transportadas en camiones a distancias aún mayores hasta sus muertes aterradoras y dolorosas. Nunca diríamos que lo que los pollos broiler soportan «no es nada comparado» con lo que las gallinas soportan. Incluso si es comparativamente menor, el sufrimiento de los jóvenes pollos es real y es significativo. Desde luego es particularmente real y significativo para ellos.

No, el trauma del investigador encubierto que observa a los monos mientras les torturan no es tan agudo como el de los propios monos. Pero no es «nada». Todo sufrimiento es real y significativo, particularmente para el ser que lo sufre. Tenemos que cambiar los valores de nuestro movimiento a unos que incluyan la empatía por todos los seres, incluyéndonos a nosotras mismas.

También debemos comenzar a construir una infraestructura del movimiento para ayudarnos a enfrentar de manera más efectiva el trauma inherente a muchas formas de activismo por los animales. ¿Por qué no tenemos grupos de apoyo con facilitadores formados en todas nuestras conferencias? ¿Por qué no hay una red de psicólogas para la liberación animal, que ofrezca tratamiento gratuito o a precios bajos a los activistas? ¿Por qué solo hablamos de nuestros sentimientos en conversaciones apresuradas entre asambleas, si es que lo hacemos alguna vez?

Mi compañera y yo gestionamos un santuario de gallinas en medio de una zona dominada por la industria avícola. Los camiones de transporte pasan haciendo ruido frente a nuestra puerta. No puedo contar la cantidad de pájaros que han muerto entre mis brazos. Este mes es nuestro quinto aniversario. Dudo que hubiera aguantado el dolor del primer año si no fuese por la solidaridad y el apoyo de otras personas que rescatan pollos. Nos comprendemos entre nosotras como, estoy segura, se comprenden entre sí otras personas que enfrentan desafíos extremos y únicos, como puede ser el activismo encubierto. Encontremos otras formas de estar ahí el uno para el otro, para que ninguna de nosotras se sienta sola en la lucha.

Autora: Pattrice Jones
Título original: Fear of Feeling: Trauma and Recovery in the Animal Liberation Movement
Publicado originalmente en Satya Magazine
Traducción: María R.

Breve biografía de la autora:

Pattrice jones es una autora, académica y activista ecofeminista que, junto a su compañera Miriam Jones cofundó VINE Sanctuary (antes Eastern Shore Sanctuary and Education Center) en Maryland (Estados Unidos) en el año 2000. Se trata de un santuario de animales administrado por personas del colectivo LGTBQ, que operan en contexto de intersección de las opresiones. Antes de fundar el santuario, Jones estudió y practicó psicología clínica, estando especializada en terapia individual y grupal para supervivientes de trauma.

Es autora de muchos artículos académicos que se enmarcan dentro de disciplinas como la psicología, el ecofeminismo y los estudios críticos animales. Además de haber publicado los libros Aftershock: Confronting Trauma in a Violent World: A Guide for Activists and Their Allies (Lantern, 2007), y The Oxen at the Intersection (Lantern, 2014), también ha contribuido con capítulos a numerosos volúmenes entre los que se encuentran Ecofeminism: Feminist Intersections with Other Animals and the Earth (Bloomsbury, 2014); Confronting Animal Exploitation: Grassroots Essays on Liberation and Veganism (McFarland, 2013); Sister Species: Women, Animals and Social Justice (University of Illinois Press, 2011); Sistah Vegan: Food, Identity, Health, and Society (Lantern, 2010); Contemporary Anarchist Studies (Routledge, 2009); Igniting a Revolution: Voices in Defense of the Earth (AK Press, 2006); and Terrorists or Freedom Fighters?: Reflections on the Liberation of Animals (Lantern, 2004).

2 Comentarios

  1. Paula González

    GRACIAS por esto. No conocía el libro y es asombroso que haya pasado por encima de mi salud mental durante tantos años. Como ya sabes, tras la muerte de mi perra Isis, después de luchar 3 años contra el cáncer, todo se ha venido abajo como un castillo de naipes. No puedo insistir más en este tema. No sólo por estar viviéndolo, sino por poder prevenir que al resto de activistas les pueda suceder lo mismo. Me lo leeré y lo recomendaré también. Un abrazo inmenso y todo mi cariño.

    13-Ago-18 · 8:43 am | Permalink
  2. Tras los Muros

    Esto ha sido gracias a María, que me ha propuesto el artículo y ha realizado todo el trabajo. Las gracias a ella. Un abrazo y mucho ánimo.

    13-Ago-18 · 11:00 am | Permalink

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